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El estrés académico puede afectar tanto a estudiantes como a profesores. Se trata de un concepto bien conocido en la psicología que ha aumentado de manera alarmante en los últimos años. Aunque el término estrés es muy general, cuando hablamos del académico siempre partimos de unos mínimos, como que debe llegar a ser causa de malestar tangible o de merma en el rendimiento. Y es que, estrés y aprendizaje no son buenos compañeros de viaje.

Vamos a ver qué puedes hacer si estás preparando tu tesis doctoral y presentas este tipo de estrés sin que haya de base un problema de ansiedad generalizada o una causa atribuible. ¿Por qué puede pasarte esto y qué debes hacer para solucionarlo?

Qué es el estrés académico

También conocido como estrés del estudiante, aunque puede afectar al personal docente, se define como una reacción de activación fisiológica, emocional, cognitiva y conductual ante estímulos y eventos académicos.

Para algunos autores, el estrés académico es simplemente el originado por las demandas del sistema educativo. Esta definición, pese a incluir al profesorado, no nos convence porque no explica por qué afecta a unos individuos y no a otros bajo circunstancias similares.

Por qué se produce el estrés académico

Se dice que este tipo de estrés puede tener un origen externo o interno, siempre debido a altas exigencias.

Si estás haciendo una tesis, las exigencias externas como las fechas de entrega con poco margen de tiempo serán lo que más peso tengan en tu caso particular. En cambio, también pueden aparecer exigencias internas, físicas o emocionales, que son las que vamos a ver.

Falta de autoconfianza

Vivimos en una sociedad donde parece que está mal dudar de uno mismo, cuando a veces es una gran ayuda. No hay nada malo en saber, por ejemplo, que necesitas dedicarte un tiempo al estudio y preparación de tu tesis que, en tu caso concreto, lo hace incompatible con un trabajo de jornada completa.

Cuando aparecen temores del tipo “todos pueden hacerlo bien, excepto yo” o lo que conocemos como el síndrome del impostor, pasamos de las dudas sanas a las que pueden afectar al rendimiento y a la salud. En estos casos, no es inusual que la procrastinación pase a ser un problema serio.

Mala planificación del tiempo

El uso de cronogramas es una de esas cosas que deberían enseñarnos a utilizar bien desde la escuela, pero terminan dependiendo del criterio y dedicación del maestro.

Hay personas que no necesitan que les enseñen a hacer un cronograma o los beneficios que obtienen con un diagrama de Gantt, mientras que otras no lo ven tan claro. Por ello, suelen reservarse unas horas en el estudio del grado o durante el postgrado a lo referente a la correcta planificación del tiempo.

Circunstancias que afectan a tu concentración o a tu rendimiento

Verte en la necesidad de trabajar mientras haces tu doctorado, sufrir de ciertas enfermedades, sobre todo las que implican dolor crónico o tener a un familiar dependiente a tu cargo son factores que favorecen la ansiedad.

Como adulto acostumbrado a manejar fuentes de estrés y frustración, puedes pensar que lo estás llevando bien, pues adoptas una serie de medidas de autocuidado. Sin embargo, a veces hay algo intangible que hace que, de pronto, los exámenes te angustien pese a saber que los sueles pasar con nota o se te cuelan ideas negativas y sin fundamento en la mente. Son los primeros síntomas del estrés académico cuando aparece en la recta final de tus estudios.

Cómo se manifiesta y las claves para afrontarlo

Chequeo médico y autocuidado

En cuanto sientas molestias físicas, como malas digestiones o sueño poco reparador, solicita una analítica general y un chequeo básico. Con esto buscamos que detectes cualquier posible dolencia antes de llegar a tener síntomas más agudos y detectar el estrés académico cuanto antes.

No caigas en el error de asumir que todo son nervios ni te automediques.

Tiempo para ti

Puede parecer paradójico, pero cuando debes dedicar muchas horas diarias a algo como la preparación y redacción de un doctorado y su tesis correspondiente, se hace vital disponer de un ratito para que tu cerebro desconecte. Puedes aprovecharlo para pasear, hacer deporte o practicar un hobby.

Nuestra insistencia con adoptar una vida activa es porque ayuda a reducir los niveles de cortisol y el nerviosismo, con independencia de cuál sea su origen. Lo más importante: durante ese rato de pausa cerebral, prohíbete pensar en lo que te queda por hacer al volver a la tarea.

Cuando debas delegar, confía solo en profesionales

Hay tareas que puedes delegar en otros, sobre todo si te falta tiempo o experiencia. Hablamos de algunas obvias como la impresión y encuadernación de tu tesis, y de otras que dependen de cada estudiante, como contratar a un traductor profesional si vas a presentar tu tesis en otro idioma o a un corrector de estilo.

Cuando esto suceda, no te la juegues y confía solo en profesionales.

 

El estrés académico puede aparecer en diferentes momentos de tu vida estudiantil. Cuando se manifiesta por primera vez en doctorandos, no es raro afrontarlo con perplejidad o quitándole importancia. Si no padeces un problema psicosomático más serio, hay una serie de cosas fáciles que puedes hacer para que ese estrés educativo no sea un obstáculo en tu aprendizaje y en tu rendimiento.

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